Violencia del Poder… No Gracias

La distribución de fuerzas actual no hace diferencia entre sexos, géneros, edades, especies, medio ambiente… toda criatura susceptible de ser considerada débil puede llegar a ser el blanco de la violencia del poder.

Violencia del Poder… No Gracias

Normalización de la Violencia

Violencia de género, bullying escolar, acoso laboral, cyber bullying, la aplicación de ciertas medidas políticas, la defensa a ultranza de ideologías y colores, competitividad por conseguir un trabajo con el que llegar a fin de mes o no poder hacerlo, conflictos armados entre potencias… ¡hasta la paz se pretende conseguir a través de la guerra!

Mira a tu alrededor. La violencia del poder es una de las normas más extendidas. El panorama internacional, salpicado de conflictos, es apenas una pequeña muestra de cómo entendemos la vida. Tal vez ganar conciencia sobre cómo nos enfocamos al exterior o de cómo éste nos llega a influir pueda ayudarnos a comprender de qué manera afecta tanta violencia en las relaciones personales, sociales o globales.

Debemos aceptar que, a grandes rasgos, somos poco cordiales a la hora de relacionarnos con otras personas, expresar nuestras necesidades e incluso al intentar alcanzar el bienestar. Y puede que esto sea debido, en gran medida, a la frustración, prácticamente implícita, de un estilo de vida ajeno a nuestras necesidades reales y que no brinda las herramientas oportunas para una correcta comunicación y gestión de nuestras emociones, sentimientos e inquietudes.

Víctimas y Verdugos

A fin de que su proceder y logros resulten menos censurables, nuestra cultura y sociedad han aprendido a maquillar su violencia tras los infinitos velos que ofrecen la política y las leyes, pero las consecuencias siguen siendo las mismas. El ser humano actual no es más que un subproducto de la industrialización, y ésta pronto dará otra vuelta de rosca. Más víctimas, explotación y violencia.

Durante siglos la educación apenas nos ha enfocado al aprendizaje de los mínimos imprescindibles para poder encajar dentro de un mecanismo asfixiante y en el cual se invita a los individuos a realizarse y encontrar el sentido de su existencia a través de la imposición de la necesidad de trabajar. El resultado, materializado en dinero y reconocimiento social y en la perpetuación del mismo sistema tendencioso y malversador, no es más que una burda careta que nos arrebata, poco a poco, la posibilidad de una identidad auténtica.

Esa violencia, esa frustración, se aplica siempre hacia abajo y sobre aquellos que, de entrada, ya se saben más débiles: la humanidad, el medio ambiente, países grandes sobre otros pequeños, gobiernos corruptos sobre ciudadanos y empresas, relaciones de pareja, padres o madres sobre sus propios hijos, niños sobre otros niños y mascotas… En definitiva: la parte fuerte de una relación se impone, además, sobre la débil. Esta tendencia relega cualquier tipo de violencia a una cuestión de poder. Cuando no, somos los propios individuos quienes nos auto-infligimos este suplicio en nuestras propias carnes a modo de inmolación silenciosa. Todos corremos el riesgo de transformarnos en verdugos, ajenos o propios.

Todo es emoción y todo son relaciones sociales. Y no hace falta ser muy espabilado para comprender que la violencia no es un hecho aislado que apenas responde a ciertos parámetros de género, edad, orientación sexual… También queda claro que el juego social y las normas que lo rigen no son, en absoluto, convenientes, si lo que se pretende es crear un escenario común más cordial y saludable para todos. Cambiarlo se revela urgente.

Recupera tu Poder

El paradigma actual dice dejar en manos de los individuos su propio destino. Y así es como debería ser. Sin embargo lo único que ofrece son distintas puertas de entrada que conducen al mismo futuro, insuficiente para la mayoría. Pero el problema no son las puertas o sus opciones; el problema es todo el laberinto: no tenemos ningún tipo de control sobre él.

Todo es poder y control… o su ausencia. Todo es autoestima. Y es cuando ésta falta que el individuo se siente sin control sobre sí mismo e intenta imponerse a su entorno mediante la violencia, la violencia de los desesperados… la violencia de quienes no tienen ningún poder sobre su propia vida. Sin autoestima no hay posibilidad alguna de vivir bien y con ella ninguna violencia es necesaria.

La violencia convive con nosotros, nos acompaña en nuestro día a día. Condenar unas formas sin condenar otras no es condenar en absoluto sino tener ganas de buscar diferencias, por lo general para poder seguir aplicándola despreocupadamente. Pero no, ninguna violencia es buena.

¿Qué necesitas y dónde lo estás buscando? ¿Cuáles son los resultados de tus acciones? ¿Te sientes frustrado en algún aspecto? ¿Cómo vas a recuperar tu poder? A través de la frustración, la resignación o la violencia no es posible conquistar la libertad… ¡persigámosla por otras sendas! No somos marionetas; busquemos y demos un buen sentido a nuestras vidas. Libres… me gustáis más. Un gran abrazo.



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Violencia del Poder
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Abel García Arcas
Téc. Sup. en Actividades Físico Deportivas, Contramestre de Capoeira y Experto en Artes Marciales, Profesor de Acrobacias y Habilidades Sociales, Actor y Bailarín, Autor e Investigador de la Comunicación Emocional.


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