Nutrición para la tiroiditis de Hashimoto

En este artículo descubrirás todo lo que debes saber sobre la tiroiditis de Hashimoto y cómo realizar una adecuada nutrición para paliar los síntomas y consecuencias.

Nutrición para la tiroiditis de Hashimoto
Judith Sánchez Altea
Técnico superior en dietética

¿Qué es la tiroiditis de Hashimoto?

El síndrome de Hashimoto es una enfermedad autoinmune, dónde los propios anticuerpos atacan a la glándula tiroides, lo que hace que ésta no pueda producir suficiente hormona (hipotiroidismo).

Esto significa que el metabolismo (el ritmo de funcionamiento del cuerpo) vaya más lento de lo que debería dando lugar a un cuadro de síntomas.

Los síntomas de la tiroiditis de Hashimoto son: estreñimiento, dificultad para concentrarse o pensar, cuello grueso o presencia de bocio, fatiga, pérdida de cabello, menstruación irregular y abundante, aumento de peso leve, rigidez articular e hinchazón facial.

¿Qué causa la tiroiditis de Hashimoto?

Las causas primordiales del hipotiroidismo o tiroiditis de Hashimoto están íntimamente relacionadas con el estilo de vida y lo que comemos. No sólo los tóxicos a los que estamos expuestos a través de productos de limpieza etc., sino como han demostrado varios estudios recientes, también a los alimentos que contienen gluten ya que inflaman el sistema inmunológico.

Además otra de las causas que explica el hipotiroidismo sería: hacer demasiado ejercicio (sobretodo cardio), hacer dietas hipocalóricas (que restringen calorías) ya que la tiroides baja el ritmo y comer alimentos de baja densidad nutricional.

¿Cómo podemos diagnosticar la tiroiditis de Hashimoto?

El diagnóstico para la tiroiditis de Hashimoto consiste en unas analíticas de sangre mirando el nivel de:

  • TSH (Hormona estimulante de la tiroides): mide la cantidad de TSH que está produciendo la glándula pituitaria. Un nivel elevado significa que no produce suficiente. Un nivel por encima de 3 ya lo consideraríamos alto.
  • T4 (tiroxina): un nivel bajo de T4Libre diagnosticaríamos hipotiroidismo.
  • Anti-TPO: detecta la presencia de anticuerpos que atacan la tiroides. El 90% las personas que tienen estos anticuerpos sufren de tiroiditis de Hashimoto.

Este sería el diagnóstico más común para la tiroiditis de Hashimoto. No obstante también es muy importante mirar los niveles de T3 ya que muchas veces podemos tener unos niveles correctos de TSH y T4 y encontrarnos mal ya que hay problemas de conversión de T4 a T3 y nuestras células no funcionan como deberían. Ésta se convierte en T3 a partir del buen funcionamiento del intestino delgado y del hígado lo que evidencia que a veces los problemas que podamos tener con la tiroides no tienen por qué ser el resultado de un mal funcionamiento de la propia tiroides.

Además, en situaciones de estrés agudo, inflamaciones crónicas, alteraciones de la flora intestinal o microbiota hacen que las herramientas de la T3 se alteren y se vuelvan inservibles (T3Reversa). Con lo cual, si tenemos la T3 normal pero aún nos encontramos mal conviene mirar también este valor de T3Reversa e ir a las causas que están provocando un exceso de transformación.

Nutrición para la tiroiditis de Hashimoto

Como ya hemos comentado, estudios recientes asocian la sensibilidad al gluten a la enfermedad de Hashimoto o tiroiditis de Hashimoto, por lo que reduciendo el consumo de productos con gluten, remitirían los síntomas de la misma.

Esto es debido ya que a nivel molecular la estructura de la gliadina (porción proteica del gluten) es muy parecida a la de la glándula tiroides lo que confunde nuestro sistema inmunitario. En personas con sensibilidad al gluten, fracciones de gliadina pueden atravesar la barrera protectora del intestino (intestino permeable) y entrar en el torrente sanguíneo. Nuestro sistema inmune, para defenderse, no sólo ataca a éstas sino que también al tejido tiroideo.

De manera que, teniendo en cuenta esto, y que la respuesta al consumo de productos con gluten pueden tener repercusión en nuestro organismo hasta seis meses después de su consumo, lo recomendable para una nutrición adecuada para la tiroiditis de Hashimoto sería aquella exenta al 100% del gluten en nuestra dieta.

Soluciones para la tiroiditis de Hashimoto

Entonces, ¿qué solución hay para el síndrome de Hashimoto? Pues bien, a parte de los fármacos, no hay una solución concreta ya que se trata de una enfermedad autoinmune. No obstante, podemos mejorar los síntomas adaptando la dieta. Pero, ¿qué dieta seguir?

Estudios realizados han demostrado que la mejor dieta a seguir para enfermedades autoinmunes es el AIP (Protocolo Autoinmune). Estas enfermedades  tienen un punto común y es la permeabilidad intestinal (pequeños agujeros en el intestino que dejan paso a pequeñas proteínas de los alimentos que no se han digerido bien a nuestro organismo). El AIP ayuda pues a reforzar esta pared intestinal, a mejorar el proceso de digestión y a reducir los síntomas y anticuerpos.

La AIP consiste en:

Eliminar:
Todos los cereales y pseudocereales (trigo, maíz, arroz, trigo sarraceno, quínoa, avena, etc.), azúcar y productos azucarados, lácteos, huevos, soja, nueces y semillas (y productos derivadas de las semillas como el café, el chocolate, la pimienta, el comino, el aceite de girasol, etc.), verduras de la familia de las solanáceas (patata, tomate, pimiento, berenjena, etc.), legumbres, alimentos procesados, alcohol y fármacos antiinflamatorios no esteroidales: ibuprofeno, aspirina, etc.

Añadir:

  • Verduras: Se recomienda el consumo de gran cantidad (hasta 1 kg al día): todas las verduras de hoja verde, alcachofas, endivias, calabacín, cebolla, ajo, etc. Raíces y tubérculos: zanahoria, remolacha, chirivía, rabanitos, nabos, etc.; coles (crucíferas). Las verduras con más carga glucémica deben consumirse con moderación: boniato, calabaza, plátano macho, yuca, etc. El jengibre y la cúrcuma, así como las hierbas frescas como albahaca, tomillo, cilantro, perejil, menta, etc., están muy recomendados porque reducen la inflamación y aportan vitaminas y minerales.
  • Proteínas: Todas con especial énfasis en la densidad nutricional: vísceras (hígado, corazón, etc.), caldo de huesos, pescado (intentar que sea pequeño y muy fresco o salvaje), marisco, etc.
  • Grasas: aceite de oliva virgen extra (AOVE, para usar en frío), aceite de coco, aceite de aguacate, grasa de cerdo, ternera, pato u oca. En el AIP, el coco fresco, la leche de coco, el beicon natural, las aceitunas y el aguacate se consideran grasas.
  • Fruta: Se puede comer todas las variedades de fruta pero en cantidad reducida (una o dos piezas al día, y mejor arándanos, moras o frambuesas, que tienen un contenido de fructosa reducido). Es mejor acompañar la fruta con una fuente de grasa (leche de coco por ejemplo) para rebajar la fructosa. Consumir con moderación o evitar frutas deshidratadas como dátiles, orejones, etc.

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