¿Qué podemos hacer con los pensamientos negativos?

Hay muchas veces que pensamos cosas que nos hacen sentir mal y no sabemos muy bien qué hacer. La psicología nos ofrece varias opciones.

¿Qué podemos hacer con los pensamientos negativos?

¿Me siento emocionalmente mal?

En ocasiones podemos sentirnos tristes o deprimidos y no sabemos bien el motivo. Existen varios aspectos que podemos trabajar en este tipo de situaciones. Uno de esos aspectos es el pensamiento ya que lo que nos decimos a nosotros mismos tiene mucha influencia en cómo nos sentimos.

Vendría a ser como en un chiste al que le quitamos el inicio. Dicho chiste perdería la capacidad de hacernos reír, ya que no lo entenderíamos al estar incompleto. Del mismo, modo nuestro pensamiento puede influir en cómo percibimos diferentes aspectos de nuestra vida consiguiendo que nos causen unas emociones u otras.

Las cosas pueden ser malas o buenas, mejores o peores, pero ante las mismas situaciones los seres humanos reaccionamos de forma muy distinta unos de otros. Ante unas determinadas condiciones alguien puede sentir alegría y pensar que son excelentes y otra persona distinta verlas como muy negativas y sentir tristeza.

El pensamiento suele tener un peso importante en este aspecto, en la forma en la que vemos las cosas. Si nuestro pensamiento es negativo en el sentido de que supone una losa para nosotros haciendo que interpretemos nuestra realidad de forma muy mala eso puede suponer un problema.

Para que se entienda mejor cómo funciona pensemos en un chiste…
¿Colmo de un electricista?
No conseguir ligues, sino sólo tomas de contacto. Estar buscando trabajo y no tener enchufe que valga y beber cada día refrescos de cola pero no conseguir encontrar “la chispa de la vida”.

Es posible que pueda tener cierta gracia, pero si le cambiamos el contexto o se lo quitamos directamente y cogemos esta frase aislada…
“No conseguir ligues, sino sólo tomas de contacto.”

…no existirá ningún tipo de emoción como podría suceder en la primera ocasión ante exactamente la misma frase. El pensamiento puede actuar de forma similar a la que lo hace la cabecera del chiste, consiguiendo que nos emocionemos o no. El pensamiento puede estar influido a su vez por el contexto o la cultura. Por ejemplo, imaginemos que somos vendedores en un supermercado. Seguramente veríamos mal que la gente quisiera regatear con los precios.

Esto es muy normal en otros países en comercios. Aquí, en Cataluña, sucede solamente con la compra de algunos bienes, como puede ser un piso. “Negocié con el vendedor y al final me lo dejaron con una rebaja de 10.000 euros”, típica frase. Pero no vamos a por el pan e intentamos regatear. Los precios ya están marcados y compramos o no, o buscamos un lugar donde cueste menos si pensamos que merece la pena.

Podemos llegar a interiorizar esas costumbres de tal forma que si viene alguien y le dice a un panadero que le da menos de lo que pide por el pan, una reacción lógica del vendedor puede ser el enfado y juzgar a quien nos pide que cambiemos el precio. El pensamiento que añadimos a la situación será: “¿Qué se cree, que puede venir aquí a pedirme el pan por menos dinero? ¡Será miserable! Esto no está bien. No debería venir aquí pidiendo eso (o cosas del estilo)”.

En cambio, si viviésemos en un país donde la norma fuera regatear por el pan, nos diríamos ante estos hechos algo como: “Otro cliente más regateando, esto es lo más normal del mundo, voy a hacerle una oferta”.

Por otro lado, las mismas cosas no nos afectan igual a unas personas que a otras, una demostración de que no son solamente los hechos los que son buenos o malos de por sí. Tal es así, que trabajando con los pensamientos negativos podemos mejorar nuestra experiencia. Y por lo tanto, sabiendo qué hacer con los pensamientos negativos, podemos llegar a salir de una depresión por ejemplo.

Pero, ¿qué hacer con los pensamientos negativos?

Hay varias opciones. En ningún caso debemos intentar reprimir o intentar no tener pensamientos negativos, porque el efecto de intentar hacerlo será justo el contrario, que esos pensamientos aparezcan con más fuerza. Es lo mismo que cuando a alguien le piden que no piense en un oso blanco, como en el famoso experimento de Daniel Wegner. En lugar de eso, podemos seguir otras estrategias distintas. Las más populares son las que se usan en terapia cognitiva y las que se emplean en terapias de tercera generación.

Qué hacer con los pensamientos negativos según la terapia cognitiva

Una de las aproximaciones que mejor parece funcionar y más conocida es la de la reestructuración cognitiva, que consiste en poner a prueba aquellas ideas, suposiciones o pensamientos que creemos que pueden estar detrás de nuestros estados emocionales exagerada y artificialmente negativos. Los pensamientos que suponen normalmente una gran perturbación emocional suelen ser exageraciones falsas sobre los hechos que acontecen en nuestra vida o cosas ilógicas de tal forma que resulta sencillo desarmarlos con las técnicas adecuadas. Por ejemplo, ante un desengaño amoroso podemos repetirnos…
“Nadie me querrá nunca”.

Esto es algo que no sabemos si será verdad o no y que probablemente no se cumpla en el futuro pero que sin embargo puede afectarnos muy negativamente. Consiguiendo ver que ese pensamiento no es real y que es irracional pensar así, conseguimos que los estados emocionales no sean tan graves. Al final, cuando pensamos en qué hacer con los pensamientos negativos, vemos su falsedad y los cambiamos por alternativas igual de creíbles para la persona que los sufría, pero mucho más realistas al mismo tiempo que menos amenazadores.

Qué hacer con los pensamientos negativos según las terapias de tercera generación

Una alternativa a la táctica anterior consiste en no intentar un cambio en los pensamientos. En vez de eso se pretende que la persona no otorgue credibilidad a dichos pensamientos ni se fusione con ellos. Para ello se emplean distintas estratagemas, para distanciarse de los pensamientos y quitarles crédito aprendiendo a ver lo que son, pensamientos nada más.

A la vez que esto ocurre, se pretende ayudar a las personas a seguir sus objetivos según sus valores personales, dejando espacio para sus ideas pero sin detenerse en ellas. La vía es distanciarse de los pensamientos y no gastar demasiado tiempo en ellos, sin que nos afecten gravemente, siguiendo con el resto de actividades de nuestra vida que son interesantes para nosotros. Algunos métodos para conseguir actuar de este modo…

  • Cuando se tenga un pensamiento y le prestemos atención añadir la frase al principio “estoy teniendo un pensamiento de que…” con el objetivo de distanciarnos del mismo.
  • Decir el mismo pensamiento con musiquita en nuestras cabezas.
  • Ponerle nombre a la historia (esta es la historia de “nadie me querrá nunca” por ejemplo).

En ambas orientaciones se practica el preguntarse por la utilidad de los pensamientos que pueden estar influyéndonos, así como si nos alejan o acercan a lo que queremos.

Sentirse mal a veces es normal

Para terminar, aclarar que sentirse mal en algunas ocasiones es normal. Hay una diferencia notable entre sentimientos desagradables, que todos podemos tener en alguna ocasión, y los sentimientos artificialmente agrandados con nuestros pensamientos. Los primeros hemos de aprender a aceptarlos como parte de nuestra experiencia vital. Para los segundos son útiles estas técnicas sobre qué hacer con los pensamientos negativos.

En cualquier caso, este artículo tiene carácter informativo únicamente. Si tienes un problema de tipo psicológico consulta con un profesional cualificado que estudie tu caso. El autor no se hace responsable de ningún modo de intentos autodidactas de auto-aplicación de lo aquí expuesto.



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Pensamientos negativos
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Héctor Mediavilla
Mi nombre es Héctor y desde hace tiempo me viene interesando todo lo relacionado con el bienestar y cómo conseguir que la gente se sienta bien y mejore su salud.


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