Obligar a los niños a comer

¿Es cierto eso de que debemos obligar a nuestros hijos a comer? Para muchos padres y educadores, ésta es una de las “eternas luchas” en materia educativa para con los peques.

Obligar a los niños a comer
Montse Canyete
Soy Técnico Superior en Comunicación y Marketing. Técnico Superior en Dietética. También, formación en Psiconutrición, Cocina Energética en la Escuela de Montse Bradford, Máster en Programación Neurolingüística y Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo.

“¡Mi niño/a no me come suficiente. Estoy preocupado/a de que no crezca sano!”

¿Cuántas veces hemos escuchado ésta y otras frases del estilo, de boca de padres, madres, educadores, etc.? Muchísimas. Y aunque son frases que se dicen desde la mayor ternura y amor profundo, no dejan de ser expresiones que son fruto de un miedo irreal a que nuestros retoños sufran desnutrición, no crezcan lo suficiente o tengan carencias.

La obesidad infantil, camino de ser una pandemia

La OMS cifra en aproximadamente 41 millones de niños (de 0 a 5 años) que padecen obesidad en países desarrollados. Son cifras de una pandemia preocupante.

Por lo tanto, lejos de tener que estar alarmados porque nuestros pequeños “no comen lo suficiente y no van a crecer bien”, deberíamos de preguntarnos si realmente “comen lo que deberían de comer”. Comer más, no es sinónimo de crecer más y mejor ni de estar mejor alimentados.

¿Verdad que los adultos sentimos cuándo tenemos hambre y cuándo no?: Los niños también

Esto es importante que lo comprendamos. Nuestro cuerpo es sabio y nos da las señales necesarias de cuándo nos sentimos con hambre y cuándo estamos saciados. O bien, si hay días en los que el cuerpo “nos pide” comer menos o al contrario. Y hemos de entender que nuestros niños funcionan igual. Ellos son sabedores perfectamente de sus sensaciones y apetito.

Nuestros miedos no son buenos aliados

Obligar a nuestros pequeños a comer no es la solución. Igual que expresiones del tipo “si te comes todo lo que hay en el plato, hay tele” o “mira, Fulanito se come toda la merienda y tu no. No saldrás a jugar”, tampoco lo son

No sólo no es efectivo, sino que además fomentamos una relación de amor-odio hacia ciertos alimentos y de premio-castigo. Porque asociarán a que si me porto bien (comerme todo lo que hay en el plato), hay tele (premio). Si me porto mal (dejarme parte de la merienda), no salgo a jugar (castigo).

¿Entonces, por dónde empezamos si queremos que coman mejor?

Deberíamos de tener claro qué significa para nosotros “comer mejor”. Es importante que comprendamos y que practiquemos una alimentación saludable en casa. Nuestros retoños son verdaderas “esponjas” a esas edades y se fijan en todo, copian patrones, empiezan a forjarse referentes, que suelen ser los padres. Y los hábitos que “absorban” a esas edades, les acompañará en edades adultas. Así que, empecemos por: predicar con el ejemplo (“mi hij@ no quiere comer verduras” -¿tú las comes?); compra “comida real”, no ultraprocesados.

¿Si yo como verduras y frutas, mi hijo/a también las comerá?

Es mucho más probable que si lo ven en casa y lo asumen como algo habitual y normal, sin premios, ni castigos, ni condicionantes, su conducta hacia este tipo de alimentación no sea disfuncional. Las prohibiciones, no ayudan. Por tanto, si lo ven en casa y en la mesa, es probable que por iniciativa propia en algún momento nos digan “¿mamá/papá, y eso que estás comiendo a qué sabe?” Y de esta forma van experimentando sabores y texturas.

Qué hacer en caso de que no les gusten ciertos alimentos

¿Y qué ocurre si no le gusta la coliflor o el calabacín o la manzana o…? ¡Nada de alarmas! Si no les gustan éstas hay más verduras y frutas que ofrecerles. Estamos diseñados para que nos encanten los sabores dulces y no tanto los amargos. Es un tema biológico. Pero recordemos, obligarles a comer no es la mejor estrategia. Es importante que vayan experimentando de forma progresiva y a su ritmo.

¿Cómo podemos empezar a que se familiaricen con los alimentos?

El baby-led weaning. Es decir, la alimentación complementaria a partir de los 6 meses de lactancia, para fomentar la introducción de alimentos a demanda de nuestros bebés. Ayuda a que los peques empiecen a experimentar y a jugar con esos nuevos alimentos desconocidos hasta el momento. Y evita posibles aversiones futuras, siempre, bajo recomendaciones por edad-alimentos.

Cuando se van haciendo mayores

Hacer la compra con nuestros hijos también es algo interesante. Al igual que cocinar más con ellos. Es algo que les ayuda a familiarizarse con los alimentos, aunque lo vean como un juego. Al igual que comer en familia y en un ambiente sereno. Y por descontado, lo que antes reseñábamos: “Comida real”, no ultraprocesados cargados de grasas trans, azúcares e hipercalóricos.

Obligar a los niños a comer ya ves que no es buena táctica. ¿Qué te parece intentar alguna de nuestras propuestas?

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