Campos electromagnéticos: impacto sobre la salud

Los campos electromagnéticos están formados por las ondas electromagnéticas emitidas por los aparatos que nos rodean. ¿Qué impacto tienen sobre la salud?

Campos electromagnéticos: impacto sobre la salud
Alexandra Rodes
Dietista especializada en PNI Clínica, con una visión global e integrativa de la salud. Considero el estado de aprendizaje como un estado natural, esencial además en mi profesión, como guía terapéutica hacia una mejor salud y calidad de vida.

Campos electromagnéticos: impacto sobre la salud

Los campos electromagnéticos (CEM) son tema de lo más real y presente en nuestros días, ya que vivimos rodeados de ondas electromagnéticas de todo tipo, emitidas por un sinfín de aparatos eléctricos y electrónicos, las cuales a pesar de no ser visibles podrían tener un impacto negativo en nuestra salud.

La controversia por tanto rodea, entre otras cosas, a los teléfonos móviles, ordenadores portátiles, los medidores inteligentes, los aparatos Wi-Fi y las líneas eléctricas de alto voltaje, los cuales todos ellos generan radiación de tipo no ionizante.

¿Qué es la radiación CEM?

En términos generales, los campos electromagnéticos (CEM) existen a lo largo de un espectro de frecuencias. Los CEM de alta frecuencia tienen mayor energía y longitudes de onda más cortas, mientras que los CEM de baja frecuencia tienen menos energía y longitudes de onda más largas.

Aunque la tierra y el sol producen CEM de manera natural,  la mayor parte de nuestra exposición a los CEM proviene de la sociedad moderna.

A continuación, podemos ver una lista de los distintos orígenes o fuentes de los campos electromagnéticos, ordenados en función de su frecuencia/energía, desde la más baja a la más alta:

  • Ondas de televisión y radio.
  • Las señales de los teléfonos móviles.
  • Wi-Fi.
  • Microondas.
  • Algunas redes de telefonía móvil y Wi-Fi.
  • Los rayos infrarrojos.
  • Luz visible.
  • La luz ultravioleta (UV).
  • Rayos X.
  • Los rayos gamma.
  • Los rayos cósmicos.

A altas frecuencias, desde la luz ultravioleta hasta los rayos cósmicos, la radiación CEM es ionizante, lo que significa que la energía es lo suficientemente fuerte como para romper los enlaces moleculares y eliminar los electrones de los átomos. La radiación ionizante es un conocido carcinógeno.

La radiación no ionizante abarca las frecuencias de la luz visible y por debajo, e incluye todos los dispositivos electrónicos y de telecomunicaciones.

¿Cuál es entonces la controversia que rodea a los campos electromagnéticos, si esa mayor exposición proviene de fuentes de baja frecuencia o no ionizantes?

Lo cierto es que según a quién le preguntemos al respecto, obtendremos diferentes respuestas.

Las empresas de tecnología afirman que el Wi-Fi, los teléfonos móviles y similares son seguros.

Por otro lado, la FDA y muchas otras agencias no consideran que los CEM de baja frecuencia sean dañinos, afirmando que ninguna prueba ha establecido vínculos causales claros entre la radiación no ionizante y los resultados adversos para la salud.

Sin embargo, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (parte de la Organización Mundial de la Salud) clasifica los CEM de baja frecuencia como un “posible carcinógeno humano” basándose en datos de observación en humanos e investigaciones en animales que vinculan la radiación de CEM con tumores.

Además, dado que nuestra exposición a los campos electromagnéticos tiende a aumentar, algo que vemos día tras día con el uso de redes 5G, la cantidad de puntos Wi-Fi, y el hecho de que los teléfonos inteligentes nunca se apartan de nuestro lado, necesitamos evaluar críticamente cuáles son los efectos de tal exposición.

Según algunas Investigaciones emergentes se sugiere que los efectos dañinos que podríamos sufrir por la radiación de este tipo de ondas podrían tardar en aparecer meses o incluso años, dependiendo a su vez de la intensidad, frecuencia, duración y otras variables que caractericen nuestra exposición.

Entre los mecanismos que desde un punto de vista bioquímico explican los efectos de la interacción entre este tipo de radiación y nuestro organismo cabe mencionar que los CEM pueden perturbar la actividad celular.

Los CEM pueden perturbar la actividad celular

Un creciente número de investigaciones demuestra que la radiación de baja frecuencia interrumpe los canales de calcio voltaje-dependientes (VGCC), proteínas transmembrana que se encuentran en muchas de las células de nuestro cuerpo.

En respuesta a un posible cambio en la membrana celular, los VGCC, que actúan como especie de guardianes de la célula, permiten un influjo de iones de calcio en ésta para llevar a cabo sus procesos biológicos esenciales, como por ejemplo las contracciones musculares, la liberación de hormonas y neurotransmisores, la expresión de genes, la actividad enzimática y muchísimo más.

Muchos estudios han demostrado ya que la radiación no ionizante inicia un influjo masivo de calcio en las células, el cual puede bloquearse a través de los bloqueadores de los canales de calcio, lo que significa que el mecanismo depende efectivamente de los VGCC. .

Y la entrada excesiva de calcio en una célula puede contribuir al desarrollo de enfermedades y cáncer, ya que ésta ocasiona:

  • Estrés oxidativo.
  • Daños en el ADN celular.
  • Apoptosis, o muerte celular.

Cinco peligros potenciales de la exposición continua a los CEM

Muchas personas duermen con su smartphone al lado de tu cama, trabajan en lugares equipados con Wi-Fi de alta velocidad 5G, viven cerca de una torre de telecomunicaciones, o en sus casas tienen un medidor inteligente en lugar de uno analógico estándar. Esto significa que en general, estamos expuestos a cantidades significativamente mayores de CEM de baja y extremadamente baja frecuencia que hace 20 años. Tal hecho ha impulsado a investigar sobre los efectos para la salud que esto puede suponer, hallando principalmente 5 consecuencias negativas:

  • Cáncer: una de las preguntas más controvertidas con respecto al cáncer tiene que ver con la posibilidad de desarrollar cáncer cerebral a partir del uso de teléfonos móviles. Y tal posibilidad podría tener sentido, ya que existe una alta tasa metabólica en el cerebro, y por tanto es más propenso al daño oxidativo (que los CEM pueden causar) en comparación con otros órganos.
    Diversos son los estudios que se han hecho y han establecido tal conexión de riesgo, entre cerebro y telefonía móvil, investigación que sigue en curso todavía, pero que ya con los resultados hallados hasta el momento parece conveniente y tener sentido el limitar la duración de las llamadas con teléfonos móviles apoyados o en contacto con nuestra cabeza, así como evitar mantener o guardar el teléfono dentro de nuestro bolsillo o dicho de otro modo, pegado a nuestro cuerpo.
  • Efectos neuropsiquiátricos: las neuronas tienen la mayor densidad de GVCC entre todos los tipos de células humanas, lo que significa que el cerebro puede ser especialmente susceptible a los efectos de los CEM.
    En estudios con animales, se ha constatado cómo la exposición a los CEM produce daño neuronal, cambios en la estructura del cerebro, deterioro cognitivo e inflamación cerebral.
    Muchos estudios epidemiológicos y de observación han relacionado ya los efectos neuropsiquiátricos a partir de la exposición a los CEM, efectos que incluyen dolor de cabeza, fatiga, insomnio, deterioro de la sensación, irritabilidad, falta de concentración y estado de ánimo depresivo.
  • Problemas de tiroides: la liberación de hormonas no esteroideas, como es el caso de las hormonas tiroideas, depende de los canales de calcio dependientes del voltaje, los cuales pueden ser interrumpidos o alterados por los CEM de baja frecuencia.
  • En varios estudios de observación se ha llegado a correlacionar un aumento de los niveles de TSH así como una disminución de niveles de T3 y T4 cuánto mayor ha sido la exposición o tiempo de uso de teléfonos móviles.
  • Problemas de fertilidad: se escucha por ejemplo a menudo la recomendación a los hombres de mantener tanto teléfonos móviles como ordenadores portátiles alejados de su aparato reproductor para evitar con ello el sobrecalentamiento y daño celular que podrían causar, con ello aludiendo a la infertilidad. Y es que efectivamente tal riesgo existe, así como de el de ocasionar otros efectos nocivos no dependientes de la temperatura, ya que por ejemplo se ha observado que la propia radiación de los teléfonos móviles parece entre otras cosas causar mayores niveles de oxidación en el semen, así como una disminución de la motilidad y viabilidad de los espermatozoides.
    La exposición a los CEM también se ha correlacionado con daños en el ADN del esperma, disminución de la testosterona, disfunción eréctil y estructura anormal del esperma.
  • Interrupción del sueño: varios estudios han indicado que el teléfono móvil, el Wi-Fi y otras exposiciones de CEM de baja frecuencia pueden reducir los niveles de melatonina, interrumpiendo o alterando con ello el ritmo circadiano y el sueño. Cabe decir que si a esto añadimos el factor de la luz azul que emanan los dispositivos móviles, tablets u ordenadores, el desajuste del sueño será sin duda muchísimo mayor todavía.

Cómo reducir la exposición a los CEM

Aunque la exposición a los CEM no parece ser la causa principal o fundamental de todas las enfermedades modernas, para algunas personas podría ser un factor contribuyente, y por tanto tomar medidas al respecto y ser consciente de lo que ocurre es necesario. De algún modo, para entender mejor el rol de este tipo de ondas, podríamos referirnos a ellas como otra toxina más de tipo ambiental moderna, y por tanto como un factor más que contribuye al estrés oxidativo.

  • Hay que tener en cuenta que los niños pueden ser extra susceptibles a los CEM: los bebés, niños pequeños y jóvenes tienen la piel y los huesos más finos o delgados, así como un mayor contenido de agua en sus tejidos, con lo que podrían concentrarse y aumentar los efectos de los CEM en sus cuerpos en comparación con los adultos.
    Unos pocos estudios han encontrado incluso conexiones entre el cáncer infantil y la proximidad a las estaciones de radio, las líneas de alta tensión y los entornos con altos CEM.
  • Aumentar la distancia entre el teléfono móvil y el cuerpo: debido a la naturaleza de los campos, la exposición a los campos electromagnéticos disminuye rápidamente a medida que aumenta la distancia con el teléfono móvil. Guardarlo en otra habitación o procurar no tenerlo siempre tan cerca o pegado a nosotros, así como limitar su uso en general, serían dos medidas válidas. A su vez, no meter el smartphone en el bolsillo, especialmente en el bolsillo delantero del pantalón si se trata de un hombre. Para las llamadas largas, utilizar mejor el altavoz o manos libres, o bien los auriculares. Y por la noche, mantener el teléfono alejado de la mesita de noche o, mejor aún, apagado o descansando en otra habitación.
  • No usar el teléfono móvil cuando la señal es débil: cuando sólo aparece una o dos barras en la pantalla, el teléfono emite niveles más altos de radiofrecuencias para compensar. En tal situación, es conveniente esperar a realizar la llamada cuando la señal mejore. Del mismo modo, es mejor no hacer llamadas en un coche, autobús o tren en movimiento.
  • Apagar el router Wi-Fi por la noche: con ello, disminuiremos la carga de CEM a la que estamos sometidos diariamente, y favoreceremos un mejor sueño como ya vimos.
  • Evitar en la medida de lo posible las líneas de alta tensión: no sería lo ideal comprar o alquilar un apartamento situado al lado de líneas de alta tensión o torres de telecomunicaciones, especialmente si se prevee o planea tener hijos.
  • Plantearnos el uso o instalación de medidores y dispositivos «inteligentes» en nuestro hogar: cuantos más dispositivos estén conectados a una red Wi-Fi, mayor será la exposición a los campos electromagnéticos que recibirá toda la familia. Por este motivo, es conveniente disminuir la cantidad de dispositivos conectados, como por ejemplo los medidores inteligentes que instalan las compañías eléctricas.
  • Ser escéptico con respecto a los escudos o fundas anti-radiación: este tipo de productos pueden interferir con las señales telefónicas, haciendo de hecho que el teléfono trabaje mucho más y que emita por tanto más energía de radiofrecuencia. La única excepción a mencionar podría ser el colocar un escudo entre el portátil y nuestro cuerpo, siempre y cuando lo coloquemos literalmente en nuestro regazo.

Valoración




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