Agroecología y agricultura ecológica ¿son diferentes?

Cada acción que tomamos tiene el poder de apoyar propuestas dañinas o respetuosas con el medio ambiente. Veamos cómo nos puede ayudar la agroecología.

Agroecología y agricultura ecológica ¿son diferentes?
Laia Vellet Narbón
Técnico superior en dietética con enfoque ecológico, natural e integrativo y gran amante de la cocina saludable. Experiencia en talleres para niños y adultos, así como caterings. Interesada en sostenibilidad y alternativas agroecológicas.

El problema del modelo agrario convencional

Hoy en día, el modelo de agricultura convencional a nivel mundial se basa en la explotación de los recursos naturales y el suelo, los monocultivos, una alta dependencia de insumos externos (grandes cantidades de pesticidas y herbicidas químicos con base de petróleo), uso intensivo de productos no renovables y maquinaria agrícola, semillas híbridas manipuladas genéticamente, etc. Para conseguir un alto rendimiento, se utiliza una gran cantidad de energía, priorizando cantidad antes que calidad, lo que conlleva también un producto alimenticio pobre en nutrientes y cada vez más contaminado.

Si bien es verdad que de esta forma se ha conseguido maximizar la obtención de productos a un coste inferior, las consecuencias de este modelo son nefastas, tanto en el cambio climático, como en el aspecto socioeconómico, como es el desplazamiento de mano de obra, la pérdida de soberanía alimentaria y la ruina de miles de pequeños productores. En un artículo anterior (ver https://www.enbuenasmanos.com/la-revolucion-verde) podemos repasar con más profundidad los desequilibrios ecológicos y otras consecuencias causadas por la agricultura convencional intensiva.

Por suerte, existen muchas alternativas agroecológicas con las que podemos contribuir al cambio hacia propuestas más éticas y respetuosas tanto con las personas como con la naturaleza.

Agroecología y agricultura ecológica

La agroecología funciona como herramienta de análisis del nivel de sustentabilidad de los diferentes métodos de producción agraria (desde convencional hasta integrada, ecológica o permacultura) con el objetivo de corregir los factores que comprometen su viabilidad en el tiempo a nivel agronómico, medioambiental, social o económico.

La agricultura ecológica utiliza una serie de técnicas que se apoyan en las bases científicas, pero tampoco se soluciona la raíz del problema si simplemente se cambian los abonos de síntesis y pesticidas por el equivalente orgánico, manteniendo el mismo tipo de prácticas que la agricultura convencional. A esto le llamamos agricultura ecológica de sustitución de insumos, y si bien es cierto que es menos contaminante y agresiva que la otra, supone la inversión de mucha energía externa en forma de insumos, resultando muchas veces más caro. Además, no es sustentable a largo plazo.

En cambio, la verdadera agricultura ecológica tiene la finalidad de crear agroecosistemas que respeten lo mejor posible las condiciones de un ecosistema natural, haciéndolo sustentables en el tiempo.

Es importante optar por alternativas dentro de la agroecología que hagan uso de los recursos naturales y su adecuada gestión, dependiendo al mínimo de los insumos externos. También deben promover la diversificación de cultivos, la biodiversidad y la integración agricultura, ganadería, agua y recursos forestales para que actúen en sinergia, acercándose al funcionamiento de los ecosistemas naturales. Por otro lado, las características del suelo (que es un organismo vivo) ocupan un papel esencial a la hora de desarrollar y mantener una buena estructura y que la actividad biológica de los microorganismos sea óptima.

La agricultura ecológica mantiene un rendimiento continuo de cosecha gracias a la diversidad de cultivos, utiliza técnicas sencillas de producción (sin necesidad de tanta maquinaria cara), obteniendo productos de alta calidad y libre de tóxicos. Y no nos olvidemos de que produce para el autoconsumo y para mercados locales, por lo que se disminuyen así intermediarios y la explotación de los/as trabajadores/as, favoreciendo a la vez una economía social y solidaria.

La agroecología como herramienta de resiliencia

Como comentábamos al inicio, nuestro estilo de vida y las decisiones que tomamos diariamente tienen el peso de apoyar causas justas, como recuperar la tierra, las comunidades e intentar minimizar el cambio climático, o bien todo lo contrario. La alimentación juega un papel muy destacado en este sentido. Optar por alimentos cultivados en agricultura regenerativa, basada en sistemas de agroecología de producción y comercialización local y justa puede convertirse en una herramienta de resiliencia tanto a nivel social como ecológica y económica. Además, apostando por productos locales y cultivados con respeto también estaremos apostando por más salud.

Reflexión: agroecología y otros caminos

Necesitamos volver a respetar y hacer las paces con la naturaleza, trabajando con ella en vez de en su contra. Hay que convertirla en una prioridad, puesto que cualquier realidad en la que nos alejemos de ella nos va a alejar de un futuro tranquilo en el que podamos vivir en bienestar. Lo que es dañino para la tierra lo será antes o después para nosotros, ya que cuidarla a ella también es cuidarnos a nosotros. Durante las últimas décadas nos hemos dejado arrastrar por la economía y la productividad por encima de todo, y ya estamos viendo algunas de las consecuencias, de las cuales prácticamente todas son negativas. Solo hace falta ver el cambio climático sin precedentes que estamos viviendo.

Muchos colectivos ya hace tiempo que se están movilizando para ofrecer alternativas que se adecuen a un modelo de producción y consumo más responsable en todos los sentidos, como vemos con la agroecología. Aun así, hay que tener en cuenta que muchas personas no tienen conocimiento de ellas o que no saben cómo incorporarlas en su día a día de manera cómoda, y por ello hay que seguir trabajando para hacerlas más grandes y ayudar a visibilizarlas. Hay que seguir trabajando para potenciar los espacios donde intercambiar estos conocimientos.

A parte de hacer una compra local y ecológica, también nos podemos animar a preguntar por huertos comunitarios de nuestro pueblo o barrio, empezar uno en casa, hacer compost, conocer los espacios y servicios autogestionados y participativos que tengamos cerca, asistir a talleres o formaciones, hacerse socio de un grupo de consumo, etc. Hay mil posibilidades según los intereses y recursos de cada uno, pero no dejemos de lado la filosofía “piensa global, actúa local”, puesto que cada acción, cada granito de arena, importa en la lucha contra el cambio climático.

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