Qué es para ti la felicidad

¿Qué es para ti la felicidad?

¿Te has parado a pensar alguna vez qué significa ser verdaderamente feliz? Y sobre todo, ¿has logrado averiguar cómo se puede conseguir la tan deseada felicidad?

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Qué es para ti la felicidad

Si observamos a nuestro alrededor nos daremos cuenta de la gran diversidad de personas que nos rodean. Gente muy distinta a nosotros con sus propias prioridades, valores, ilusiones y miedos. Aunque son muchas las cosas que nos separan, una nos une de un modo singular: el deseo de ser felices. Pero esa dicha en ocasiones nos puede resultar un tanto esquiva. Seguimos sin saber qué nos acerca o nos aleja de ella, por lo que acabamos confundidos, empleando grandes cantidades de energía en cuestiones que poco aportan a nuestro bienestar. Como decía Aristóteles, “todos estamos de acuerdo en que queremos ser felices, pero en cuanto intentamos aclarar cómo podemos serlo empiezan las discrepancias”.

“Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.”
Pablo Neruda

La felicidad está dentro de ti

Desde mi punto de vista (y puedo estar totalmente equivocado), la felicidad permanente no puede encontrarse en las situaciones externas, por el simple hecho de que todo, absolutamente todo, es transitorio. Si tu felicidad depende de aspectos externos (familia, trabajo, pareja, dinero, etc.), estos pueden desaparecer en cualquier momento, y con ellos esa aparente felicidad. Yo solía creer que la felicidad pasaba por tener posesiones, por cumplir con las expectativas de la sociedad que garantizaban la plenitud: pareja + hijos + dinero + trabajo + casa + etc. Sin embargo, esta fórmula, al menos en mi caso, no funcionó.

Creí erróneamente que la felicidad estaba en las pequeñas grandes cosas como irónicamente dijo Groucho Marx: “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”

Entonces, si la felicidad permanente no puede encontrarse fuera, tiene que estar dentro de nosotros. No quedan más lugares donde buscar. Lo expresó muy bien Henry Van Dyke: “La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.” Y lo reforzó simple y rotundamente John Locke: “Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”.

Receta para la felicidad

¿Y cuál es esta disposición de la mente que nos hace felices? Considero que al menos hay dos componentes indispensables, dos actitudes mentales que favorecen en gran medida esa sensación de plenitud. En mi receta particular de la felicidad, el primero de los ingredientes es la plena aceptación, estar satisfechos con lo que tenemos o carecemos. Aceptar lo que eres, con tus defectos y virtudes. Dar lugar y cabida a todo lo que sientes.

Por ejemplo, la aceptación es fundamental en la gestión de nuestras emociones. Existe una malsana obsesión por tener que estar siempre alegres y contentos, y esto es sencillamente imposible. Todas nuestras emociones son necesarias y tienen su momento y sentido.

Si pretendemos estar siempre alegres, cuando por ejemplo en nuestro entorno se produzca la muerte de un ser querido, la tristeza que bañará las situación nos hundirá. Todo aquello que rechazas, te somete. Y más aún cuando se trata de tus emociones. Aceptar que ni nosotros ni la vida somos perfectos, es una gran paso para sentirnos felices.

El segundo de mis ingredientes fundamentales es la gratitud. Reconocer de corazón todo lo maravilloso que ya tienes y eres. Algo tan simple, pero al mismo tiempo tan profundo y transformador, y sobre todo, tan escaso en nuestra sociedad. Porque a nosotros, en vez de agradecerlo que de verdad nos gusta es quejarnos. Parece que es el deporte nacional, quejarnos del tiempo, de la pareja, de los hijos, de la política, de todo, da igual! Lo que sea! De hecho, los seres humanos somos los únicos animales capaces de aumentar nuestro sufrimiento a través de los pensamientos. Y lo hacemos tan a menudo a través de la queja continua.

Deja de quejarte

Y lo malo es que las quejas, de tanto repetirse, se convierten en un estilo de vida. Un pésimo estilo de vida que deja preso al quejoso. Mental y emocionalmente la queja te autocondiciona para estar atento a todo lo malo que puedas encontrar en el camino. Es como si cerraras las compuertas a lo bueno; dejas de percibirlo, no le das importancia. Y así, es muy difícil ser feliz.

“Si tu mal tiene remedio, ¿por qué te quejas?
Si no lo tiene ¿por qué te quejas?”
Proverbio oriental

Este mensaje de la gratitud aparece en muchas religiones y practicas espirituales a lo largo de la historia de la humanidad y no es casualidad. A través del agradecimiento se consigue disfrutar de la vida pase lo que pase y tu mente se perfecciona en encontrar la belleza y la magia en todo que sucede. Parece difícil, pero es el único camino.

Te invito ahora a reflexionar sobre tu propia vida, ¿Cuánto tiempo te pasas diariamente rechazando a la Vida, a ti mismo? ¿Cuántos momentos desperdicias en la queja? Y sobre todo, ¿qué vas a cambiar hoy para aumentar la aceptación y gratitud en tu vida para poder ser un poco más feliz?



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Hector Jorge Aymerich
Formador en cursos de crecimiento personal. Experto en Inteligencia Emocional.
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