La relajación de nuestros hijos, como favorecerla

La relajación de nuestros hijos, como favorecerla

Es importante que sepamos como favorecer la relajación de nuestros hijos es muy importante ya que sentirse relajados les ayudará a crecer y desarrollarse mejor.

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Desarrollo equilibrado del sistema nervioso

Hay un modo de abordar el estudio de nuestro sistema nervioso, y es considerarlo dividido en dos partes bien diferenciadas. Una es la que conforma el sistema nervioso central, el de los movimientos voluntarios, y la otra, es el sistema nervioso autónomo, que se encarga del funcionamiento de partes del cuerpo sobre las que no ejercemos control directo (latidos del corazón, expansión y contracción de las vísceras…).

Este sistema nervioso autónomo, a su vez, se divide en sistema nervioso simpático, encargado de la contracción, y sistema nervioso parasimpático, encargado de la relajación, la expansión.

El desarrollo del sistema nervioso, ya desde la etapa fetal, supone un equilibrio entre estas dos fuerzas, que es en definitiva, la base de cualquier ser vivo y el modo como respiramos: me expando, me contraigo. Es la pulsación vital en definitiva.

Por las condiciones de desnaturalización que suelen darse en el modo de vida occidental (estrés, prisas, ritmos forzados) en este funcionamiento del sistema nervioso suele predominar la tendencia a la contracción, es decir, existe por lo general un excesivo trabajo del sistema simpático, que, por supuesto, ayuda a la supervivencia en momentos puntuales, pero que puede llevar a estados de “simpaticotonía crónica” en los seres humanos, con consecuencias que llegan a ser graves para la salud.

La relajación de nuestros hijos como objetivo

No se trata de ir todo el día arrastrándose ni estar estirados en el sofá a todas horas. Sí quiero remarcar que, dada esta tendencia de nuestro sistema, que he señalado antes, de activar a la mínima el estado de alerta, hemos de poner nuestra atención en la relajación para llegar a un equilibrio.

En nuestro día a día nos levantamos, nos arreglamos, despertamos a nuestros hijos, desayunamos, llevamos a los niños al cole, vamos a nuestro trabajo, atendemos los asuntos profesionales… Todo suele hacerse con prisa. Nuestro cuerpo, si lo observamos, está tenso casi siempre.

Sabemos, porque lo hemos vivido en nosotros, o en conocidos, que una vida demasiado estresada pasa factura a la salud (desde síntomas leves a un ataque al corazón…).

Así mismo, por suerte, también estamos en un momento de abertura a nuevas formas de hacer las cosas, más saludables y sostenibles. Y uno de los grandes mensajes, al que cada vez hacemos más caso es: “cuídate, ve relajado”.

Por supuesto, relajados percibimos mejor, podemos ajustarnos con más realismo a lo que se requiere de nosotros y… ¡nos sentimos bien! Nos movernos con soltura y agilidad.

La relajación de nuestros hijos ¿qué les aporta?

Era algo que se intuía, pero ahora gracias a las neurociencias se está comprobando científicamente. Es gracias a la relajación, al bienestar, que en los pequeños, ya desde bebés e incluso en el período de gestación, se realizan más conexiones neuronales, que son la base de un buen desarrollo cerebral, con capacidad para integrar estímulos, situarse en el espacio y en el tiempo, elaborar respuestas adaptadas y, ya de mayores, poder hacer abstracciones y desarrollar lo que Piaget denominó “doble reversibilidad”, madurez que permite ponerse en el lugar del otro.

¿Cómo podemos ayudar a que crezcan relajados?

Hemos de procurarles un entorno contenedor, de confianza. Es primordial. ¿Y qué supone eso?.

En cada momento evolutivo, algo diferente.

  • El primer año, para sentar una buena base corporal, necesita de una relación fusional con la madre. Se requiere de un largo período de maternage y recogimiento del bebé. En estas edades, si se introduce el masaje, el cuerpo graba caminos de bienestar que perduran. Se ha visto que un recién nacido que está en brazos de su madre duerme más plácidamente, y puede hacer más conexiones neuronales, que otro que está en la cuna. El segundo está activando, sin que se note a simple vista, mecanismos de alerta, es decir, está tensionándose.
  • En los siguientes años, cuando inician los movimientos autónomos, los niños necesitan recibir el mensaje de “confiamos en ti” y poder desarrollar su creatividad y curiosidad. Siempre bajo la atenta mirada de sus mayores, que marcan y orientan.
  • Cuando van creciendo y se acercan a la adolescencia, se va abriendo su campo da acción, pero su “entrada en sociedad” ha de estar respaldada por unos padres que ayudan a entender el mundo que les rodea, y que ponen límites estructuradores.


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Encarna Leiva Prados
Psicóloga y terapeuta, especialista en intervención preventiva, psicomotricidad, crianza y educación.