El verdadero negocio del café

El verdadero negocio del café

Cuando vemos donde está, realmente, el verdadero negocio del café ya entendemos que los perjudicados son los pequeños productores de todo el mundo.

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La caída del precio del café

La actual crisis en el mercado del café está destruyendo el medio de vida de 25 millones de productores en todo el mundo. En tres años el precio del café ha caído por lo menos en un 50 por ciento. Las previsiones a largo plazo son pesimistas.

Los cultivadores de café de los países en vías de desarrollo, la mayoría pequeños productores, venden sus granos de café a un precio muy inferior al coste de producción. En la provincia vietnamita de Dak Lak, por ejemplo, sólo cubren el 60 por ciento del mismo.

Mientras los agricultores venden el café asumiendo fuertes pérdidas, los cafés de marca se venden al público generando importantes beneficios.

¿Cómo afecta esto a las familias?

Las familias se ven obligadas a sacar a sus hijos (especialmente a las niñas) de la escuela, no pueden pagar las medicinas básicas y tienen que reducir su alimentación. Los intermediarios están abandonando el negocio, las economías nacionales se ven afectadas y algunos bancos se están hundiendo. Los gobiernos ven como se reducen sus ingresos, lo que afecta a los presupuestos destinados a salud y educación, y los fuerza a seguir endeudándose.

La solución tiene que ser proporcional al alcance de la crisis. Es necesario un Plan de Rescate para el Café (en el cual participen todos los actores implicados en su comercio) para conseguir que el mercado beneficie tanto a los pobres como los ricos. No se trata sólo del café, estamos hablando de una cuestión clave en el camino hacia un comercio con justicia para todos.

El fracaso del mercado del café está perjudicando a los productores de las pequeñas granjas familiares; a los exportadores locales y a los empresarios, que ya no pueden resistir la presión de la fuerte competencia internacional; y a los gobiernos, que habían fomentado la producción para aumentar sus ingresos por exportaciones.

Los márgenes de beneficio son altos… para algunos

Nestlé tiene un margen medio de beneficio del 26 por ciento en el café instantáneo. Se estima que los beneficios de Sara Lee son en torno al 17 por ciento, muy altos en comparación con los obtenidos por otros marcas de comida y bebida.

Esto no sería ningún problema si todos los integrantes de la cadena de producción resultaran beneficiados. Pero la realidad es que el floreciente negocio de las compañías lo están pagando algunas de las personas más pobres del mundo.

Pagar unos precios lo más bajos posibles (sean cuales sean las consecuencias para los cultivadores) es una estrategia peligrosa a largo plazo. A corto plazo tampoco ayuda a los intereses de los productores de café instantáneo.

Es particularmente arriesgada si se tiene en cuenta que estas compañías dependen de la buena voluntad de los consumidores. El aumento de las ventas de Comercio Justo muestra que estos se preocupan por la situación de pobreza de aquellos que producen los bienes que consumen.

La industria del café está inmersa en un proceso radical de cambio

Ha pasado de ser un mercado regulado, en el que los gobiernos jugaban un papel activo, a ser un sistema de libre mercado en el que cualquiera puede participar y en el que el mercado determina el precio del café. Merced a estos cambios, las grandes compañías cafeteras pueden comprar la materia prima a unos precios muy bajos.

A esto hace falta añadir que Vietnam ha entrado con fuerza en el mercado y Brasil ha aumentado su ya importante producción. El resultado es que se produce más café, y de menor calidad, llevando a una dramática caída en el precio que se paga a los agricultores.

El estancamiento del consumo no está afectando a las compañías cafeteras. El libre mercado les ofrece opciones sin precedentes. Las actuales mezclas estandarizadas pueden resultar de la mezcla de hasta 20 tipos de café.

Una sofisticada gestión y cobertura de riesgos permite a las compañías comprar, con un simple clic del ratón del ordenador, al productor con un precio más bajo, para después realizar las mezclas.

¿Qué ocurre en el otro extremo de la cadena?

Sin carreteras o transporte hacia los mercados locales, sin apoyo técnico, créditos, ni información sobre precios, la gran mayoría de agricultores está a la merced de intermediarios que les ofrecen un precio sin más opciones que “lo tomas o lo dejas”.

Pasar a cultivar otro producto plantea muchos problemas. Necesitan un dinero que no tienen y unos cultivos alternativos con mejores perspectivas. Para un agricultor es muy arriesgado dar la espalda a cuatro años de espera hasta que los arbustos del café empiezan a dar sus frutos.

Este fracaso del mercado se debe también, en parte, al clamoroso fracaso de la política de las instituciones internacionales. El Banco Mundial y el FMI han empujado a los países empobrecidos a liberalizar el comercio y buscar un crecimiento orientado a la exportación en sus áreas de “ventaja comparativa”.

Los países consumidores ricos y sus grandes empresas han respondido a la crisis con una complacencia inexcusable. Ante la miseria, han ofrecido muchas palabras pero poca acción. Las soluciones existentes basadas en el mercado (Comercio Justo y desarrollo de especialidades de cafés) son importantes, pero sólo para algunos agricultores. Pueden ayudar a reducir la pobreza, pero lo que se necesita es una solución global.

¿Cuál es el reto a conseguir?

El reto es conseguir que el mercado del café beneficie tanto a los pobres como a los ricos. Está bien analizar el fracaso de esfuerzos anteriores de intervención del mercado y aprender sus lecciones, pero también hace falta aprender las del presente.

El bajo precio del café hace que algunas de las personas más pobres y con menos poder del mundo, tengan que negociar en un mercado libre con algunas de las más ricas y poderosas. El resultado, nada sorprendente, es que los ricos son cada vez más ricos, y los pobres más pobres.

En un año, el Plan para el café, tendría que dar como resultado que

  • Las compañías tostadoras garantizarán el pago de un precio digno a los cultivadores de café (por encima de sus costes de producción) para que puedan llevar a sus hijos a la escuela, pagar sus medicinas y alimentarse adecuadamente.
  • Se incrementará el precio que reciban los cultivadores reduciendo la oferta y las existencias de café en el mercado.
  • Las compañías tostadoras comerciarán sólo con café que cumpla con los estándares básicos de calidad propuestos por la Organización Internacional del Café.
  • Se destruirán por lo menos cinco millones de sacos de café de las reservas existentes, con la financiación de las compañías tostadoras y los gobiernos de los países ricos.
  • Se creará un fondo para ayudar a los pequeños cultivadores a cambiar sus cultivos por medios de vida alternativos, y hacer que sean menos dependientes del café.
  • Las compañías tostadoras se comprometerán a incrementar al dos por ciento la cantidad de café comprado bajo condiciones de Comercio Justo.


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Juan José Sánchez Ortiz
Terapeuta físico, emocional y coach. Articulista experto en salud, ecología, desarrollo personal y ONGs en medios digitales e impresos. Periodista de investigación con trabajos referenciados en artículos, tesis de postgrado y doctorales.
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