La disgrafía en los escolares

La disgrafía en los escolares

La Disgrafía es otro trastorno que suele ir asociado a otros problemas del aprendizaje y que se caracteriza por la presencia de una caligrafía difícilmente legible.

21543897

¿Qué es la disgrafía?

Se llama así a la dificultad para escribir a mano de forma legible, con trazos adecuados. Es un término que se aplica desde la psicología, pedagogía, educación en general, a los casos de escolares que tienen muy mala letra, que confunden los grafismos y a los que cuesta mucho estructurar los trazos, dando la sensación sus escritos de desorden y caos. Si no se aborda el problema éste se traslada por supuesto a la edad adulta.

Vemos en estos niños, al inicio de la escuela primaria, al dibujar o hacer letras y números, un gran esfuerzo por su parte, con escasos resultados.

¿Qué suele acompañar a la disgrafía?

Los niños que padecen disgrafía es normal que tengan “muy mala letra” una forma algo desordenada de “estar en el mundo”: les cuesta organizarse tanto a nivel escolar como en otros ámbitos de la cotidianidad: pierden fácilmente las cosas, tienen olvidos… También solemos encontrar brusquedad con los objetos, que se les rompen frecuentemente. Digamos que son en general torpes en lo que a motricidad fina se refiere.

¿Por qué se produce?

La disgrafía se produce porque hay una traba en el proceso evolutivo del niño que no le ha permitido organizarse del todo bien a nivel neurológico. Es decir, en una edad en la que se le pide el grado de madurez necesario para poder trasladar con relativamente precisos movimientos de muñeca y de dedos, sus primeros grafismos en el papel, el niño no está preparado.

El niño pone interés, vemos que quiere hacerlo bien, lo vemos sufrir, quizás hasta le sudan las manos.

Situaciones que pueden influir en la aparción de la disgrafía:

  • Partos prematuros o nacimientos traumáticos o con cierto grado de sufrimiento fetal. El bebé recibe una impronta negativa que se traduce en una respuesta del sistema nervioso que lleva a la contracción y a una tendencia a un estado de “alerta”. Desde esta tensión los aprendizajes cuestan más, y se ve claramente a la hora de escribir.
  • Algún accidente, algún golpe que haya dejado secuelas en el cerebro. Según las áreas afectadas los síntomas son distintos, pero pueden traer las dificultades que nos ocupan.
  • Situación concreta que sucede en el entorno familiar y que el niño vive con más o menos angustia: separación de los padres, un cambio de casa, la venida de un hermanito…

Sepamos distinguir y diferenciemos bien…

En un momento de rebeldía por los motivos que sean, el niño puede mostrar su agresividad en el papel: dibuja fuerte, emborrona, rasguea, mancha… Tiene la capacidad para hacerlo bien, pero no quiere.

Siempre hay que acercarse al niño desde la comprensión para entender antes de actuar. El problema de la rebeldía suele ser pasajero, pero cuando vemos claramente, tras la detenida observación, que hay una dificultad de fondo…

¿Qué podemos hacer?

  • Trabajemos la base motora del niño, volvamos evolutivamente a períodos anteriores y juguemos con él en el suelo (arrastre, gateo…), favorezcamos el contacto con su cuerpo y su libre experimentación con materiales que le ayuden sensorialmente.
  • Introduzcamos momentos de relajación en casa, ofrezcámosle la oportunidad de estar recogido, acurrucado con nosotros.
  • No le “machaquemos” con los trazos. No puede hacerlo mejor y una dinámica basada en el entrenamiento férreo a que se esfuerce sólo le va a crear más inseguridad y un gran hastío y rechazo de lo escolar.
  • Para acercarlo a los grafismos, y siempre siguiendo el ritmo del niño, empecemos por trazos grandes, en una extensa superficie (un mantel de papel en el suelo, por ejemplo, o en una pizarra).

Con este trabajo puede ser suficiente para que mejore la grafía y el bienestar general de nuestro hijo. Si no es así, no dudemos en contactar con un profesional. Cuanto antes se realice el abordaje del problema, mejor pronóstico hay.

Un consejo:

Justo cuando vemos al niño iniciarse en los trazos, el jugar con una cinta de gimnasia rítmica (de tamaño pequeño) ayuda mucho: trabajan el giro de la muñeca desde el juego y los movimientos que se consiguen con la cinta de colores les encantan.



Valoración

picture-771.jpg
Encarna Leiva Prados
Psicóloga y terapeuta, especialista en intervención preventiva, psicomotricidad, crianza y educación.
Anterior artículo »
Siguiente artículo »