¿Cómo poner límites a nuestros hijos?

¿Cómo poner límites a nuestros hijos?

Poner límites a nuestros hijos es irles marcando caminos, ayudarles a situarse en el mundo que les rodea, que lo puedan comprender y a la vez disfrutarlo con tranquilidad.

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Los límites son necesarios en la educación

Poner límites es necesario dentro del proceso de educación de nuestros hijos. Es algo en lo que los profesionales están de acuerdo. Médicos, pediatras, maestros, psicólogos, pedagogos, etc., coinciden en la necesidad de ir marcando a los pequeños en su día a día, y señalan igualmente las consecuencias nefastas de no hacerlo.

En estos tiempos en los que muchas familias optan por no seguir el modelo educativo autoritario que posiblemente ellas recibieron por parte de sus mayores, hay incertidumbre para situarse en el tema de los límites. “No podemos dejar que hagan todo lo que les venga en gana, pero tampoco queremos ser unos sargentos que están mandando todo el día…”.

Hay que poner límites a nuestros hijos, lo tenemos claro. Pero la pregunta que nos hacemos a continuación es “¿Cómo poner límites?”.

Vamos a situar un poco el tema.

¿Qué significa “poner límites”?

Poner límites a nuestros hijos es irles marcando caminos, ayudarles a situarse en el mundo que les rodea, que lo puedan comprender y a la vez disfrutarlo con tranquilidad.

Es una acción que debe darse ajustada al momento evolutivo que vive el niño o niña, encaminada a su crecimiento personal y sano desarrollo de sus capacidades.

Es una acción, por otro lado, desde la autoridad que tiene el adulto por el hecho de serlo, porque tiene una visión amplia que no tiene el pequeño todavía.

Un niño que empieza a explorar a partir del movimiento, puede recibir en un momento dado un “¡no!” de su mamá, cuando ve que está a punto de estirar una esquina del mantel de la mesita, que tiene encima algún objeto pesado. Ha sido un momento determinante, el adulto ha recibido un flash e integrado el peligro, y así se lo hace ver al pequeño. (En otro momento, si es la casa propia, debería eliminarse del alcance del niño este mantel que cuelga, para favorecer la libre exploración en un ambiente más seguro).

Un chiquito algo más mayor puede recibir un “no, nos hemos de ir”, y ser cogido con cariño pero con firmeza, de la mano, para irse del parque porque aunque se lo estaba pasando muy bien, ha llegado la hora de retirarse para casa.

Son ejemplos. El adulto acompaña, guía, reconduce.

¿Qué no han de ser los límites?

Los límites que ponemos en educación nunca han de ser:

  • Estrategias para nuestra comodidad como adultos en un momento dado. Decir por ejemplo “la tele es mala, no se ve la tele”, pero otro día sí dejarles porque nos conviene. Esta forma de actuar crea mucha confusión y no les ayuda a situarse a los pequeños.
  • Una sucesión de imposiciones sin demasiada coherencia que hagamos los adultos por el mero hecho de “es que aquí mando yo”.
  • Mandatos o imposiciones que no puede entender el niño porque por momento evolutivo no toca. Decirle a un bebé de apenas un año “no hagas ruido” en un restaurante lleno de gente, porque a los padres les avergüenza su expresividad, está totalmente fuera de lugar.

¿Cómo poner límites a nuestros hijos?

Estos consejos nos pueden ayudar a saber como poner límites a nuestros hijos:

  • Mirando que sean lo más claros posible. A cualquier edad, se agradece la claridad en la exposición por parte de los adultos: las normas para la seguridad, el funcionamiento de la familia, la organización de la casa…
  • Mirando que sean pocos. No tiene sentido abarrotar de indicaciones a los niños, porque fácilmente provocan el efecto contrario y entraríamos en comportamientos reactivos y retadores.
  • Cuidando que sean adecuados para la edad del niño, que no lo exijamos demasiado esfuerzo.
    • En los primeros años hay una impulsividad y ganas de conocer mediante la sensorialidad, que hemos de respetar. Debemos ofrecerles espacios amplios y de experimentación, en casa también. Un “no” que frene el movimiento ha de ser muy justificado.
    • A partir de los 6, 7 años, pueden integrar mejor los razonamientos, pero siempre muy ligados a su experiencia, no demasiado abstractos.
    • Acercándonos a la adolescencia las normas de casa han de ser muy claras, se han de transmitir de forma muy firme. El adolescente tiene problemas para situarse en el espacio y el tiempo, necesita unas pautas claras en casa, unos horarios.

Los límites, en definitiva, han de ser estructuradores. Esa es su función.



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Encarna Leiva Prados
Psicóloga y terapeuta, especialista en intervención preventiva, psicomotricidad, crianza y educación.
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