
Para la primera vez que hagamos el kéfir necesitamos una cucharada sopera de nódulos y un cuarto de litro de leche. Poco a poco los nódulos irán creciendo y podremos añadirle más leche. También dependerán las proporciones de si preferimos que sea más claro o más espeso.
Es conveniente lavar el nódulo y el recipiente
con agua una vez por semana.
Debemos preservarlo de excesos de frío o de calor.
Para hacer el proceso de fermentación más lento, si
estamos unos días sin tomarlo, podemos ponerlo en la nevera.
Si vamos a estar más de una semana sin tomarlo, podemos conservar
los nódulos en agua y en la nevera. Para
reactivarlos podemos dejarlos 2 o 3 días con la misma leche.
Los utensilios que utilicemos para preparar el
kéfir (un recipiente y un colador), mejor que
no sean de aluminio, porque este material no es estable en medio
ácido, como es el kéfir, y podría transferirle partículas
nocivas.
Para la elaboración del kéfir, no
debemos usar leche que esté a más de 35º, ya que podemos
alterar las bacterias y levaduras de este. La temperatura ideal es la
ambiental. Con más calor se acelera el proceso y con más
frío se retarda.
El kéfir, aporta los beneficios de la
leche sin dificultar el proceso digestivo. Regenera la flora intestinal
y tiene efecto antibiótico y antivírico. En uso externo
es un poderoso antiséptico que ayuda a curar heridas.

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