Ingeniería Genética, un peligro potencial
Ciertamente no estamos en contra de los avances científicos, pero no podemos dejar de pensar que la ingeniería genética puede representar un peligro.
Una tecnología azarosa, ya han ocurrido catástrofes
Para crear una alteración genética a través de empalmes de genes es necesario romper y reconstruir directamente el código genético por procedimientos que nunca podrían ocurrir en la naturaleza. Lejos de ser precisas, estas alteraciones son realmente azarosas. En la mayoría de los casos, la función del gen que se altera no se conoce completamente, sus interacciones con otros procesos bioquímicos en el organismo son oscuras, y no se pueden predecir los efectos a largo plazo.
Como en el caso de la irradiación de los alimentos, la manipulación genética puede potencialmente producir un gran número de sustancias químicas desconocidas y exóticas que pueden tener efectos completamente impensables.
Estos efectos incluyen el envenenamiento directo a través de su ingestión por otros organismos (incluyéndonos a nosotros mismos), enfermedades serias e incluso fatales a través de la producción de nuevos y desconocidos alérgenos extendidos por la replicación del organismo existente y la transferencia de información genética a otras especies, incluso a plagas estrechamente relacionadas con el organismo alterado.
Algunos científicos genéticos nos tranquilizan asegurándonos que estas cosas no ocurrirán. ¿Pero, cómo es posible que cualquier científico digno de ese nombre declare que "no pasará nada"? ¿No hemos sido suficientemente advertidos por el DDT, la talidomida, dioxinas, plutonio, Chernobyl, la enfermedad de las vacas locas, los sapos de caña, las abejas asesinas, los clorofluorocarbonados, el asbesto...? Cada uno de éstos ha sido objeto de una palabra tranquilizadora por parte de los científicos que estaban vinculados a sus queridas ideas, y por tecnólogos y corporaciones que vieron beneficios económicos en ellas.
De nuevo, el desorden aquí no es específico de la ingeniería genética. Es una ceguera en el nivel de la conciencia acerca de la seguridad de los seres humanos y las consecuencias serias de jugar a aprendiz de mago en un campo que es totalmente imponderable desde nuestro nivel actual de comprensión.
No hay que esperar para ver si la ingeniería genética dañará o matará a las personas, o dañará nuestro mundo. Ya ha ocurrido.
37 muertos y 1.500 afectados
Hace algunos años, una empresa japonesa fabricó triptófano a través de una bacteria genéticamente diseñada para su utilización en el tratamiento de la depresión. Esta sustancia normalmente aparece en proteínas dietarias, y es la precursora metabólica de la serotonina, un neurotransmisor que si falta produce la depresión. Al ingerir cantidades extras de triptófano, la depresión puede ser invertida.
Lo que no se conocía, sin embargo, era que el organismo que sintetizaba el triptófano también estaba sintetizando otra sustancia que estimulaba el sistema inmunológico del cuerpo, provocando una enfermedad conocida como eosinofilia. Como resultado, 37 personas fallecieron y 1500 quedaron permanentemente afectadas.
¿No podría ocurrir de nuevo?
Genes de nueces de Brasil fueron incorporados a la soja transgénica. La combinación resultó ser muy alérgica para algunas personas. No tenían ninguna manera de saber que tendrían una reacción alérgica a la soja, y aun si hubieran sabido que eran alérgicos a las nueces de Brasil, no se hubieran enterado porque la soja genéticamente alterada está por ley exenta de etiquetación.
En otro área, se alteraron genéticamente bacterias de klebsiella para que secretaran alcohol de la digestión de pulpa de madera y otros materiales orgánicos. Este organismo se escapó, infectó tierras donde se cultivaba trigo en los Estados Unidos y destruyó las bacterias nutritivas que son responsables de la fertilidad de los campos. Campos enteros se convirtieron en estériles, sólo capaces de hacer crecer el trigo unos pocos centímetros.
En todos estos ejemplos, el problema no es sólo el peligro de la tecnología. Es la conciencia que permite que semejante tipo de experimentación en masa sobre seres humanos pueda ser perpetrada sin cualquier consentimiento y advertencia para el público, ni siquiera con la etiquetación de los alimentos genéticamente manipulados.
En algunos estados de los EE.UU. se ha declarado ilegal incluso etiquetar los alimentos como "no genéticamente modificados", para que esto no amenace la rentabilidad de las compañías de tecnología genética. Esta inversión de la ética normal no es un problema técnico, es un problema de conciencia, un problema de actitud y mentalización colectiva, gubernamental e individual.
Etiquetado y moratoria. El principio de precaución
El daño potencial que podrían causar los efectos imprevistos de la ingeniería genética es inmenso e imposible de predecir.
La ausencia de conocimiento de peligro no debe confundirse con la ausencia de peligro. Los científicos sólo saben lo que saben. Ciertamente no saben lo que no saben. Por esta razón, el sencillo sentido común y la responsabilidad dictan que antes de que se produzca cualquier organismo genéticamente alterado, se debería hacer una advertencia para la total paralización de cualquier liberación en el medio ambiente, a fin de adquirir suficiente conocimiento previo.
Científicos de todo el mundo han propuesto una moratoria en toda la experimentación y comercialización de tecnología genética. El Partido de la Ley Natural ha propuesto esto en 40 países y en Australia Occidental, en la campaña electoral, se unieron todos los partidos principales en una declaración televisada solicitando una cautela extrema en la autorización de cualquier producto genéticamente diseñado.
Los gobiernos tienen que comprender que están legislando para los hijos de otras personas, no sólo los propios.
"Probablemente seguro" no es lo suficientemente seguro, no para una intervención que no puede ser invertida, ni para materias relacionadas con los alimentos y el desarrollo de los niños. "Demostradamente seguro" es lo mínimo necesario. Y la prueba verdadera en la ciencia es muy difícil. "Posiblemente seguro" es un ultraje.
Aún así, en este momento, nos enfrentamos con presiones muy fuertes de las compañías biotecnológicas para renunciar al requisito de que los productos genéticamente alterados sean etiquetados. ¡Qué sugerencia tan extraordinaria! Esto eliminaría toda posibilidad de que los daños causados a los seres humanos puedan ser rastreados hasta la fuente dañina. De esta forma, si ocurren enfermedades o muertes por una toxicidad imprevista o por el desarrollo de nuevos alérgenos, nunca podrían ser identificadas o perseguidas las compañías responsables. Otro resultado: no se podrán prevenir nuevos atentados a la salud al no saber qué causó el efecto dañino en su origen.
La responsabilidad de los científicos
En el pasado, los científicos fueron motivados por la inspiración del descubrimiento científico. Incluso entonces, su entusiasmo los llevó a veces a la interferencia grotesca con la vida humana: la radiografía de alto voltaje de los pies de los niños para encontrar zapatos adecuados, el abuso de DDT y su acumulación en la leche materna, la persuasión de poblaciones enteras.
de madres para que creyeran que las fórmulas comerciales eran mejor que la leche materna, incluso en tiempos antiguos, el uso de cañerías de plomo, produciendo el envenenamiento de poblaciones enteras.
Ahora, sin embargo, la presión sobre los científicos es económica y es de tal magnitud que los genetistas han abandonado su preocupación principal por la vida humana.
Patentar nuevas tecnologías es inmensamente provechoso. La identificación de características genéticas humanas, y su patentado y mantenimiento en secreto ha alcanzado tal nivel ahora que poblaciones enteras de personas indígenas al borde de la extinción están siendo atracadas por su información genética única, sin que se les ofrezca la más mínima ayuda para asegurar su futura supervivencia.
Una crisis de conciencia
La crisis de la ingeniería genética no es una crisis de la ciencia biológica, es una crisis de conciencia. ¿Qué tipo de conciencia puede perpetrar a sabiendas de las peligrosas intervenciones en la vida que hemos detallado en este artículo?
Uno no puede hablar con tales personas, están cerradas, herméticamente selladas al mundo de la vida, preocupaciones, derechos y seguridad de otras personas, su respuesta es inaceptablemente egocéntrica y adolece de un exceso de arrogancia y prepotencia. Su mente es estrecha y limitada.
Sólo a través de una transformación de la conciencia la mente puede despertarse a la realidad de lo que se está haciendo.
Y no es una cuestión de conciencia individual. Es un asunto de conciencia colectiva. El atraco genético se esta produciendo rápidamente. La verdad se abre camino a paso de caracol. No se escuchan advertencias lúcidas. Al ritmo presente, cuando la verdadera gravedad de la situación se haya comprendido, será demasiado tarde. El mundo se habrá infectado con la alteración genética irreversiblemente. Incluso la conciencia de las personas en sí, se alterará por lo que ingieren.
En esta situación, la solución pasa por crear un despertar en masa de la conciencia colectiva del mundo. La solución a los peligros de la ingeniería genética no llegará a través del descubrimiento técnico y científico, sino a través de la transformación de nuestra conciencia y el despertar de la responsabilidad de las generaciones futuras involucradas en todo el manejo del conocimiento científico.
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