
La enfermedad arterial periférica (EAP), también llamada enfermedad vascular periférica, es un importante estrechamiento de las arterias. Se puede dar en cualquier arteria, pero principalmente ocurre en las arterias que suministran la sangre a las piernas. Su no tratamiento puede derivar en la amputación de una pierna.
El estrechamiento de las arterias esta causado por la ateroesclerosis- la acumulación de ateromas (depósitos de grasa) dentro de las paredes de las arterias. Los ateromas suelen ser bastante pequeños al principio y generalmente no acarrean ninguna manifestación física. Sin embargo, con el tiempo pueden llegar a ser más gruesos, provocando un estrechamiento de las arterias y una reducción en el flujo sanguíneo.
En la actualidad se están estudiando factores genéticos relacionados con el depósito anómalo de grasas y una tendencia especial a padecer enfermedades cardiovasculares
Muchas personas que sufren la enfermedad arterial periférica no presentan síntomas. Sin embargo, para aquellos que tienen síntomas, el más común es el dolor en la pierna, ya que el estrechamiento de la arteria condiciona la disminución del caudal de sangre que llega a las piernas y por consiguiente la oxigenación de esos tejidos. Con el ejercicio y caminando aumentan las necesidades por lo que esa falta de oxigenación se nota mas produciéndose un dolor isquémico. Esto se conoce como claudicación intermitente, como resultado del estrechamiento de la arteria femoral, debido a los ateromas.
La falta de flujo sanguíneo a las piernas causa otros síntomas como un débil crecimiento del vello debajo de la rodilla y un débil crecimiento de las uñas del pie, sensación de frío en los pies y la debilidad o incluso ausencia de pulso en las arterias de los pies.
La enfermedad arterial periférica se diagnostica a menudo con el índice de presión tobillo-brazo (ITB) un sencillo y útil procedimiento no invasivo que compara la presión arterial en los tobillos con la de los brazos y que puede realizar su propio médico de cabecera. Un médico examinará también el historial clínico y el familiar, así como los factores de riesgo ligados a las condiciones personales. Otra prueba no invasiva que puede comprobar si una determinada arteria esta bloqueada es el “Estudio Doppler o Ecografía Doppler”. El estudio utiliza ondas de ultrasonido para medir el flujo sanguíneo en las arterias de las extremidades inferiores y el efecto sónico Doppler. Un diagnóstico preciso es crítico, porque las personas con EAP tienen un riesgo de seis a siete veces mayor de padecer una enfermedad cardiaca o un ictus que el resto de la población.
La mayoría de los casos no necesitan otras pruebas más sofisticadas, pero si se necesita la cirugía o tratamiento endovascular, se puede llevar acabo un angio-TAC, una resonancia magnética o una ecografía intravascular para realizar un "mapa" de las arterias, ofreciendo una imagen más clara de la ubicación del estrechamiento de las arterias así como el estado de las arterias adyacentes.
El tratamiento de la enfermedad arterial periférica se basa en el tratamiento de la claudicación (dificultad para caminar por dolor vascular).
El tratamiento habitual consiste en la cesación de los factores de riesgo (tabaco, dieta, etc.), ejercicio físico (a veces puede ser suficiente caminar), fármacos vasodilatadores y cuando esto fracasa hay que recurrir a la cirugía o a la cirugía endovascular.
Junto con la corrección de los factores de riesgo, la terapia con fármacos puede contribuir a mejorar los síntomas.
Muchas personas que padecen la enfermedad arterial periférica no requieren cirugía. De todas maneras, una vez que los síntomas comienzan a ser graves, se requiere de ella.
Los procedimientos mínimamente invasivos principales que pueden tratar los casos severos de enfermedad arterial periférica se basan en técnicas endovasculares guiadas por imagen (recanalización farmacológica o mecánica de zonas obstruidas, dilatación con balón de estenosis e implantación de mallas metálicas o stents). La cirugía convencional (endarterectomía, by-pass, etc.) todavía juega un papel relevante y puede solucionar la gran mayoría de los problemas vasculares.
La enfermedad arterial periférica crónica a menudo sólo puede ser controlada y no curada. Si la enfermedad no se gestiona adecuadamente, puede ocurrir que los pies y las piernas tengan heridas abiertas o infecciones, especialmente en pacientes con diabetes. La fase más grave de la enfermedad es la isquemia crítica de las extremidades (CLI, por sus siglas en inglés). En esta etapa los pacientes pueden empezar a sufrir gangrena, dando como resultado la amputación de la extremidad afectada.
El primer paso importante es dejar de fumar y llevar una dieta equilibrada con control del colesterol, manteniendo un peso adecuado. En el diabético controlar su azúcar o nivel de glucemia, bajar de peso y en el hipertenso regular la tensión arterial. También es importante aumentar la práctica del ejercicio, que en algunos casos, mejora los síntomas.
El doctor o especialista estudiará la conveniencia de tomar ajo o lecitina de soja para ayudar a evitar la acumulación de los depósitos de grasa en las arterias.
* Este apartado ha sido añadido, como complemento a este artículo, desde la redacción de www.enbuenasmanos.com
En todos los casos le recomendamos consultar con su médico, terapeuta u otro profesional de la salud competente. La información contenida en este articulo tiene una función meramente informativa.

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