Parto y Dolor

El parto o el dar a luz siempre se relacionan con dolor, y de hecho todo el mundo tiene como algo evidente que para parir siempre hay que sufrir.

Desde hace varios años, la medicina clásica o alopática recurre a un abanico, cada vez mayor y preocupante, de medios tecnológicos que forman ya parte de su práctica clínica diaria y su vulgarización les ha restado importancia. Así, los avances de la ciencia y de la biología han modificado profundamente nuestra representación de la muerte y del nacimiento.

Si antes, la vida de un individuo transcurría desde el momento que salía del útero materno hasta su muerte, cuando el corazón dejaba de latir, actualmente el desarrollo de las biotecnologías nos sitúa en un contexto muy diferente. Nos aleja del principio natural de la vida, lo que conlleva una serie de consecuencias éticas.

Así, poco a poco, hemos dejado que la fría maquinaria hospitalaria y médica se apodere tanto del proceso del nacimiento (parto) como el de la muerte. Estos acontecimientos naturales ya se consideran casi como procesos patológicos y por tanto, conllevan la necesidad de ser medicalizados a ultranza. Todavía, en la mayoría de los partos hospitalarios, la mujer se convierte en un ente, mitad humano mitad animal, a quien nadie presta mucha atención (sienta dolor o no) y que está descuartizada entre dos estribos, lista para múltiples cuidados médicos, a menudo innecesarios. Van desde tactos vaginales rutinarios, innecesarios y demasiado repetitivos durante la dilatación; partos provocados para acelerarlos o monitorizados, goteo continuo de medicamentos, principalmente el de oxitocina sintética, y episiotomía, sin olvidar la anestesia epidural, (que ralentiza el trabajo y de la cual hoy en día, se conocen mejor los riesgos neurológicos, tanto para la madre como para el bebé) llegando a la cesárea practicada de manera indiscriminada, a veces sobre la insistencia de la madre que quiere recuperar pronto su figura y no quiere sentir ningún dolor.

Durante el parto, la mujer es lo que menos importa

A esto, se añade el hecho de que casi nunca la mujer sabe quien va a asistirle en el parto, por culpa del turno del personal médico. Además de acortar el parto sin respetar ni siquiera las pausas y los descansos fisiológicos, que existen entre una contracción y otra, con el riesgo de multiplicar las distocias. Sin hablar de las heridas o dolor emocional que se crea en ese momento tan privilegiado, esta medicalización de los partos también constituye una negación, aunque muy sutil, de la mujer.

Un parto o dar a luz debería ser un "acto natural". Sin embargo, para muchas mujeres, ya no lo es o ha dejado de serlo desde hace mucho tiempo. Un ejemplo: la posición muy incomoda, por no decir otra palabra, de la parturienta acostada boca arriba sobre la camilla de parto, con las piernas abiertas e inmovilizadas en unos estribos (litotomía), parece haber sido inventada para "el confort exclusivo del médico ". La mujer parece reducirse sólo a un "hoyo", aunque de este salga la vida...

Los osteopatas saben de sobra que esta posición tiene graves consecuencias sobre el equilibrio de la columna vertebral. Además esta posición dificulta la circulación sanguínea de la madre y por lo tanto, la del bebé durante el parto, ya que la aorta está demasiada comprimida. También lo saben numerosos médicos.

Esta posición, durante el parto, favorece igualmente posibles desgarramientos del periné, sean leves o hasta de tercer y cuarto grado. Se previenen ¡cómo no!, practicando episiotomías sistemáticas (piquete).. aunque sus complicaciones sean numerosas: infecciones, ruptura del recto, hemorragia, dolor, inflamación, depresión y trauma post-parto, dificultad para reanudar la vida sexual, etc.

Las prisas durante el parto

El bebé debe nacer rápidamente... ¡Anda! Tenemos otras cosas que hacer... Apenas abre los ojos sobre nuestro mundo apresurado y robotizado, que el bebé está ya lavado, aseptizado, vestido... y vacunado al mismo tiempo que está "arrancado" del seno de su madre.

En realidad, la mujer parturienta está considerada como una "gran enferma". Por tanto, se cuida mediante numerosos exámenes paraclínicos y se le administra diversos fármacos que conllevan efectos iatrogénicos (secundarios), más o menos graves.

Al parecer la medicina no desea ayudar un ser a nacer, sino que quiere traer a su mundo, un futuro consumidor de medicamentos y de auxilios que desde el principio, incrementará las consultas en pediatría antes de llenar las de medicina general. No debemos extrañarnos que cada 20 segundos, nazca en el mundo un niño "inadaptado"...

Frente a está situación patética, cuando no dramática, en la cual los padres son desposeídos del placer de dar la vida, sería mucho más simple, menos costoso y sobretodo más humano recurrir a la "prevención prenatal". Pero para los "lobbies" farmacéuticos, los "Big Pharma" y sus acólitos, las palabras "prevención, adaptación, autonomía, libre albedrío y coste mínimo, sobre todo durante el parto" son palabras proscritas.

Dolor y parto natural

Sin embargo, hay que decir que muchas mujeres, siendo presas de un miedo casi cultural en cuanto a los famosos dolores del parto, prefieren pasar un "mal rato", en vez de tomar ellas mismas las riendas de este fabuloso acontecimiento que nos regala la vida. ¿Cómo se ha construido este miedo al dolor del parto? ¿Qué es lo que fomenta su realidad o su mito?...

Hoy en día, se sabe que el dolor se debe a un reflejo cerebral condicionado. Desde su niñez, la mujer aprende que el parto duele y duele mucho. Si su madre o sus abuelas no están aquí para convencerla, los textos religiosos se encargan de recordarlo. Semejante acondicionamiento, para no decir tal "lavado cerebral", ha grabado en el cortex de las mujeres, un fuerte reflejo negativo hacia el dolor.

Cuando el cerebro del bebé manda señales al cerebro materno que el momento del parto ha llegado, reflexivamente este reacciona oponiéndose al dolor, por lo cual provoca un desequilibrio en el derrame de las endorfinas. A menudo, la parturienta se siente desconcertada por el suceso de acontecimientos fisiológicos y emocionales que acompañan el parto. Por eso, en los países industrializados, (además que esto corresponde a su entorno cultural), muchas mujeres se sienten aliviadas y más tranquilizadas al parir en un entorno tecnológico.

Curiosamente, el parto natural o en casa, muy en auge actualmente, también es sinónimo de parto sin dolor..., aún más si se realiza en agua. Todavía no es reconocido para la mayoría de las instancias sanitarias. Tanto el coste de un parto natural como su falta de cobertura social lo ponen fuera del alcance de muchas mujeres y es casi un lujo en los países industrializados mientras es muy común en los países pobres, ¡por falta de otros medios!

Parto natural e implicación personal

Sin embargo, cabe decir que para muchas mujeres que hemos visto, el parto natural significa otra cosa que "natural". A menudo, esta palabra, casi mágica, significa que la naturalidad va a la par con la ausencia de problemas y peligros... aunque si surgen, se resolverán, haya dolor o no... sin medicalización.

Son pocos los padres y las madres que entienden que esta elección implica mucho más que la simple negación de un entorno medicalizado. Son pocos los que entienden que se necesita una toma de conciencia y un entendimiento que sea a la vez individual, sino también íntimos a la pareja, para ampliarse finalmente a toda la disponibilidad que supone acoger la vida de un nuevo ser.

En fin, ¿para qué sirve un parto natural, supuestamente elegido por el bienestar de la madre y del niño, si es para atiborrar después al niño de leche artificial, de alimentos manipulados, de fármacos químicos, de vacunas o de programas educativos indigestos, dejándolo "ir a su aire", bajo el pretexto que por ahí, caben las primicias de la libertad del ser? En este sentido, la elección del parto natural es casi una actitud política, social e individual que debería ser anclada en el corazón y en la mente de los padres, mucho antes de que se produzca este acontecimiento. Se afirma a menudo que cuanto más respetado y consciente sea el nacimiento, más el bebé confiará en la vida... Eso es olvidar que ante todo, los padres deben estar a la altura.

Parto y ¿dolor?

En el momento del parto, el organismo materno encierra en la intimidad de su memoria celular no sólo los temores que fueron suprimidos y guardados al nacer, el corte del cordón umbilical, la perdida del seno materno o el trauma de la primera respiración, sino toda la complejidad psicobiológica que le ha estructurado en el curso de su vida, incluso en su vida en pareja.

Un parto, sea lo más natural posible, no borrará por arte de magia esos temores durante el parto y el bebé absorberá todos los sentimientos que emite su entorno en este momento. Si los padres no han sabido entenderlo antes, cuando nace el bebé, que el parto sea natural o no, el nacimiento y la acogida del recién nacido dejará huellas profundas en su psiquismo.

Según esta misma complejidad, el dolor se vivirá de una manera u otra, como un castigo o un aprendizaje, como un horror o una sublimación. No podemos negarlo. Existe y es individual. Parirás con dolor fue la respuesta vengativa de Yahvé a la traición de Eva...

"Parirás sin dolor"

Y parirás sin dolor fue y es desde los tiempos más remotos, la contestación instintiva de las mujeres que a lo largos de los siglos y de los alumbramientos, comprobaron en su carne cuales eran las posiciones y las técnicas más adecuadas para aliviar su dolor.

Cabe insistir en el hecho de que, siendo la Naturaleza muy sabia, también el dolor tiene un significado preciso. Indica que el parto va bien. Sin embargo, cada mujer tiene su umbral de aguante frente al dolor y de tolerancia frente al estrés, su forma de controlarlos y sus temores personales dentro de los cuales todavía predomina el miedo de no estar a la altura, con el sentimiento de culpabilidad que este engendra. Aquí es donde la medicina homeopática se desvela ser una valiosa aliada de la mujer embarazada y de la parturienta.

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