Alternativas conscientes a los tampones y compresas

Alternativas conscientes a los tampones y compresas

La copa menstrual y las esponjas marinas son cada vez más usadas por las mujeres que reclaman alternativas conscientes a los tampones y compresas: más económicas, sanas y sostenibles para el medio ambiente.

Alternativas conscientes a los tampones y compresas

Tampones y compresas: Lo que no nos cuentan

El uso de tampones y compresas convencionales supuso una revolución para la higiene íntima femenina. La industria se aseguró de convertir estos productos en imprescindibles y venderlos como símbolo de independencia y empoderamiento de la mujer. Tras años de adoctrinamiento social, empiezan a surgir voces en contra del uso de tampones y compresas ¿Qué es lo que no nos cuentan?

Se calcula que cada mujer compra, utiliza y desecha 17000 tampones y compresas a lo largo de su vida fértil, convencidas de que es la única opción que tienen, o en el mejor de los casos, la opción más cómoda y segura.

Los tampones y compresas contienen fibras de celulosa proveniente de la madera y algodón, esto supone miles y miles de hectáreas de cultivo de producción intensiva, donde se utilizan semillas transgénicas, fertilizantes, plaguicidas y otros químicos que contaminan la Tierra. Para blanquear estas fibras y que visualmente den sensación de pureza y limpieza, se utilizan sustancias que contaminan igualmente nuestras aguas y que producen dioxinas, un compuesto derivado de la combustión del cloro y que se asocia con enfermedades como el cáncer.

Además los tampones y compresas contienen fibras sintéticas o manufacturadas como el rayón o viscosa, minerales como el asbesto, utilizado para provocar más sangrado y láminas de derivados plásticos. Además de ser muy contaminantes, estos componentes forman un ambiente idóneo para la proliferación de toxinas que pueden provocar el Síndrome de Shock Tóxico, una infección no muy frecuente pero letal y muy relacionada con el uso de tampones.

El contacto de nuestra mucosa vaginal con estas sustancias tan artificiales provoca problemas de piel muy habituales, sequedad de la pared vaginal, rozaduras, candidiasis… No olvidemos que se trata de una zona con un PH especial y una flora bacteriana que debe permanecer en equilibro.

Por suerte, cada vez se habla más de las alternativas conscientes a los tampones y compresas, como la copa menstrual y las esponjas marinas, que desde el ecologismo van ganando adeptas a ser más económicas, sanas y sostenibles para el medio ambiente.

La copa menstrual

La copa menstrual o vaginal es un recipiente de silicona médica o TPE (elastómero termoplástico) que se introduce en la vagina para retener el sangrado menstrual. El material es hipoalergénico y una vez introducido, se adapta y no se nota que se lleva puesto, igual que un tampón convencional.

Dependiendo de la cantidad de flujo, puede durar hasta 12 horas y basta enjuagarlo con agua corriente antes de volver a insertarlo. La copa menstrual ha de hervirse después de finalizar el ciclo para eliminar bacterias y guardarla en un recipiente traspirable, como un saquito de algodón.

Es un método mucho más económico que el uso de compresas y tampones, ya que es reutilizable y con el debido mantenimiento dura hasta 10 años o más, lo que lo convierte en una alternativa mucho más consciente con el medio ambiente.

No produce sequedad vaginal, ni alergias de contacto ni interfiere con la flora local, la copa menstrual no se relaciona con ningún caso de Síndrome de Shock Tóxico como sí ocurre con los tampones.

Las esponjas marinas

La otra alternativa consciente y natural de la que vamos a hablar, mucho menos extendida, son las esponjas marinas. Puede que sea uno de los métodos más antiguos para recoger el sangrado menstrual usado tradicionalmente.

La esponjas marinas se recolectan de cultivos, siendo la especie espongia officinalis la más utilizada para este fin, al ser una de las más tupidas, resistentes y con más capacidad de absorción.

Su uso consiste en introducirla en la vagina, después de der mojada y escurrida, para que absorba el flujo, tal y como la haría un tampón. Al ser muy suave no agrede ni araña la pared vaginal, y se adapta a ella para que no se note que la llevas puesta. Dura entre 3 o 6 horas puesta, dependiendo de la cantidad de flujo.

Requiere un mantenimiento cuidadoso, hay que enjuagarla antes de ser introducida de nuevo y debe desinfectarse al terminar el ciclo con bicarbonato, aceite de árbol del té o vinagre de manzana, antes de guardarla en un recipiente transpirable.

Al ser un material orgánico, no contamina el medio ambiente después de ser desechada, siendo un periodo de 6 u 8 meses lo recomendado. Como tiene varios usos, resulta mucho más económico que los tampones y compresas.

Es un método, al igual que la copa menstrual mucho más respetuoso y sano con el entorno vaginal, aunque no puede asegurarse que sea hipoalergénico como ésta, ya que no es de un material inerte.

Tanto la copa menstrual como las esponjas marinas, requieren un nuevo aprendizaje para usarlas y mantenerlas, que sin duda resulta ventajoso a la larga. Cada vez más mujeres consideran estas alternativas más eficaces y conscientes con el planeta, su salud y su bolsillo.



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Alternativas conscientes a los tampones y compresas
Ángela Mogollón García
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Ángela Mogollón García
Dietista y asesora nutricional
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